Malas experiencias con el cabello afro

Desdramaticemos los malos momentos

Seguro que, si te pones a pensar en la historia de tu cabello afro -natural o alisado-, y echas la vista atrás eres capaz de recordar algún que otro momento en el que, por culpa de algún tratamiento mal aplicado, pasaste un muy mal rato.

Pusiste tu cabellera en manos de la persona equivocada, y eso tuvo efectos devastadores sobre tu queridísimo cabello. Y estoy segura de que recuerdas perfectamente esas situaciones, que las llevas prácticamente grabadas a fuego en la memoria.

Lo que te propongo hoy es que seas capaz de encontrarle el punto cómico a esas malas experiencias, y las compartas conmigo y con el resto de seguidoras. Convirtamos este post en un anecdotario de momentos malos en manos de profesionales de la peluquería, amistades, familiares… ¡o incluso nosotras mismas!

Yo te cuento, para romper el hielo, dos anécdotas:

La primera sucedió teniendo yo quince o dieciséis años, la primera vez que me desrizaba. Tuve la ocurrencia de lavar mi cabello la tarde antes de ir a desrizarme; y cuando llegué a la peluquería y el peluquero me revisó el cabello, no dijo nada al vérmelo limpio y procedió a desrizar.

El resultado de aquella mala praxis (porque fue mala praxis) fue el cuero cabelludo quemado: toda una costra me cubría el cuero cabelludo desde la mitad de la cabeza hasta la nuca. El señor, cuando me vio con el cabello limpio, debía de haberme dicho que no me podía alisar llevando el pelo limpio. Pero en lugar de ser honesto, prefirió embolsarse un dinerito aquella mañana. Eso sí: mi melena, desde la mitad de la cabeza hasta la nuca, estaba lisa, ¡lisa como nunca!

El segundo despropósito tuvo lugar teniendo yo poco más de veinte años. Ya había cambiado de peluquería -por supuesto-, y por entonces yo había decidido llevar un curly, o jheri curl. Fui a la peluquería, me hicieron el tratamiento, y salí encantada con mi melena de rizos.

El susto llego cuando tres o cuatro días después lavé el cabello y, al frotarme el cuero cabelludo, me quedé en la mano con un mechón de cabellos enteros. Por lo visto, me habían vuelto a quemar el pelo, y por eso, en una parte de mi cabeza, el cabello se había cortado prácticamente a la altura de la raíz. Estuve un tiempo intentando disimular aquel despropósito de la mejor manera posible, hasta que el cabello de la zona afectada creció lo suficiente como para poder ponerme trenzas postizas.

Fue todo un drama, creedme, os lo cuento también en el siguiente vídeo.

Ahora es vuestro turno. Contadme todas esas experiencias en las que os hubierais echado a llorar al ver el desaguisado que os habían hecho en vuestra melena.

¡Se abre la veda!

join the conversation

*